La temperatura corporal es un indicador básico de nuestra salud. Un pequeño cambio puede ser señal de que el cuerpo está respondiendo a una infección o a un proceso inflamatorio.
Sin embargo, no siempre una temperatura elevada significa fiebre: a veces hablamos de febrícula, un estado intermedio que puede generar confusión.

Desde la farmacia, te explicamos qué significa cada uno de estos términos y cuándo conviene consultar con un profesional.

¿Qué se considera temperatura corporal normal?

La temperatura corporal varía ligeramente a lo largo del día y según la persona.
En general, la temperatura normal oscila entre 36 ºC y 37 ºC, dependiendo también de la zona donde se mida:

  • Axilar: entre 35,5 ºC y 36,9 ºC.
  • Oral: entre 36 ºC y 37,2 ºC.
  • Rectal: suele ser unas décimas más alta (hasta 37,5 ºC).

Durante el día, es normal que la temperatura sea algo más baja por la mañana y suba por la tarde o la noche. También puede aumentar ligeramente después de hacer ejercicio o en ambientes calurosos.

Diferencia entre febrícula y fiebre

  • Febrícula: se considera cuando la temperatura corporal está entre 37,1 ºC y 37,9 ºC (axilar).
    No suele ser motivo de alarma, pero indica que el cuerpo está respondiendo a algo: una infección leve, el estrés, una vacuna reciente o incluso un exceso de abrigo.
    Si dura más de dos o tres días o se acompaña de otros síntomas (malestar, tos, dolor muscular, pérdida de apetito), conviene valorarlo con un profesional.

  • Fiebre: se produce cuando la temperatura alcanza o supera los 38 ºC.
    Es una respuesta del organismo ante una infección (vírica o bacteriana), inflamación o enfermedad.
    La fiebre en sí no es una enfermedad, sino un mecanismo de defensa: el cuerpo eleva su temperatura para dificultar la proliferación de los microorganismos.

¿Cuándo debemos preocuparnos?

Consulta con un médico o farmacéutico si:

  • La fiebre supera los 39 ºC o no baja con antitérmicos.
  • Se mantiene más de 3 días.
  • Aparece en bebés, ancianos o personas con enfermedades crónicas.
  • Va acompañada de dificultad para respirar, confusión, rigidez en el cuello o erupciones cutáneas.

Consejos básicos para controlar la temperatura

  • Mantén una buena hidratación. Bebe agua o infusiones con frecuencia.
  • Evita abrigarte en exceso. Usa ropa ligera y mantén el ambiente fresco.
  • Descansa. El cuerpo necesita energía para recuperarse.
  • Usa antitérmicos solo si hay malestar importante. No siempre es necesario bajar la fiebre si no causa molestias.
  • Controla la temperatura regularmente, preferiblemente con un termómetro digital fiable.

El papel de la farmacia

En la farmacia podemos ayudarte a:

  • Elegir el termómetro más adecuado.
  • Aconsejarte sobre el uso correcto de los antitérmicos (paracetamol, ibuprofeno, etc.).
  • Orientarte sobre cuándo derivar al médico y cómo aliviar los síntomas de forma segura.

La febrícula es un aumento leve y pasajero de la temperatura corporal, mientras que la fiebre indica una reacción más intensa del cuerpo frente a una infección. Controlarla correctamente y conocer sus causas es clave para actuar con calma y eficacia.

En tu farmacia te ayudaremos a valorar los síntomas y a cuidar tu salud con seguridad.